viernes, 10 de octubre de 2014

DE ISEL ME GUSTA



De Isel me gusta el mango que le sale del árbol de la boca,
me gusta el etílico corazón liado en los tamales,
de Isel me gusta la doliente verdad, los arrítmicos jirones,
el eterno manantial de sus ventanas.

De Isel me gusta el tamborilero paso de septiembre,
su ojo verde que se quiere verde, su ojo rojo que se quiere azul,
me gusta su fiesta interminable, su optimismo metafísico,
su creencia hermosa contra todo experimento.

De Isel me gusta el almendro donde duermo a la deriva,
la vida vista sin aumentos, el hocico puesto en el solar,
de Isel me gusta el posado que me deja postrado
cuatro relojes por lo menos. De Isel me gusta el segundero.

De Isel me gusta que consiga que yo sueñe que sueño soñar con ella,
que haya hecho de mi casa una casa soportable,
que no sufra tanto el verano logarítmico,
que quiera ser aún más que el algarrobo.

De Isel me gusta el nombre y decirlo acongojado,
de Isel me gusta el acantilado donde cae de todo menos muerte,
me gusta la simpleza, la cometa agarrada a la coleta
donde giran absolutamente todos los colores.

De Isel me gusta el carruaje de carne con que me atropella,
la longeva lengua de sus mitades, el cuántico zurrón
donde vibra la fruta en su despensa, la cosquilla
de su isla en mi dolor.

De Isel me gusta el aro de su infancia de mandioca,
el patio de sus piernas donde abunda la maseca,
las macetas de tristeza colgando en las pestañas,
el mundo hecho guayaba en sintonía.

De Isel me gusta la alegría.

De Isel me gusto yo.


Pedro Morillas


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